Las iglesias bautistas reformadas tienen la convicción de que la ley de Dios (como es expresada en los diez mandamientos) es regulativa en la vida del creyente en el Nuevo Pacto (Jer. 31:31-34; 1 Juan 2:3-4). Pablo dice que “La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios” (1 Cor. 7:19).

Afirmamos que el cristianismo antinomiano (contrario a la ley), en el cual no hay demandas sobre el convertido, es una perversión del evangelio, puesto que la Biblia enseña que “sin santidad (práctica), nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). El camino hacia el cielo es el camino de la santidad, en el cual solo pueden andar los que realmente han sido convertidos.

Creemos que la ley escrita en el corazón es la misma ley de los Diez Mandamientos. Juan enseña que si decimos conocer a Dios, pero no guardamos los mandamientos, somos mentirosos y la verdad no está en nosotros. Jesús dijo a sus discípulos que ellos sabrían si le aman si obedecen sus mandamientos.

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